martes, 6 de abril de 2010

Caminos de rendición

Los carlistas somos beligerantes contra cualquier tipo de secesión de las Españas.
Pocos días después de que nos ocuparnos de la denuncia de Mayor Oreja en relación a unas posibles negociaciones entre el gobierno (de ocupación) de España y la banda terrorista-nacionalista ETA salían a la palestra dos significativas informaciones en las que podría estar la clave de dicha denuncia. En primer lugar la creación de un “grupo de mediadores internacionales” en el eufemísticamente por ellos llamado “conflicto vasco”. Por otra el anuncio de que el nacionalismo “legal” invitaba al brazo político de ETA a conmemorar unidos el llamado aberri eguna, o “día de la Patria Vasca”. Estos dos hechos, interrelacionados, merecen no ser perdidos de vista.

La creación de dicho “grupo de mediadores internacionales” responde a una estrategia continuada del entorno terrorista en su intención de “internacionalizar el conflicto”, de hecho su poderoso aparato de propaganda lleva trabajando desde hace décadas en esa línea, con discretos resultados que no pasan de la implicación de la toda la extrema izquierda internacional e internacionalista y el concurso de asociaciones de bobalicones como Amnistía Internacional. No obstante la llegada al poder del bolivariano (y por tanto antiespañol) Hugo Chavez en Venezuela supuso un salto cualitativo en la proyección internacional de la banda. Además el actual contexto político español es un terreno seguro para la presión en el ámbito internacional por la debilidad intrínseca del gobierno (de ocupación) que aún es más notable y agravada en el aspecto de las relaciones diplomáticas e internacionales. Reparemos asimismo en la personal fascinación que Rodríguez Zapatero, mascarón de proa de toda esta tragicomedia esperpéntica digna del mejor Valle-Inclán, siente por cualquier grupillo internacional de mindundis que expresen cualquier idea disparatada siempre que sea subversiva contra el orden natural y la razón. Existe un peligro cierto de que ZP llegue a creerse todas las mentiras de este grupo internacional, pues su fanatismo ideológico altera tanto su percepción de la historia como de la realidad. Este grupo en cuestión está participado por “mediadores” del llamado conflicto sudafricano (recordemos que Nelson Mandela fue un cruel terrorista marxista, como denunció reiteradamente el recordado Carlos Etayo, y que de una situación de detestable apartheid se ha pasado a la no menos deplorable institucionalización del racismo antiblanco y a que Johannesburgo y Ciudad del Cabo sean las ciudades más inseguras del planeta, seguidas por cierto de Caracas) y por algunos republicanos irlandeses empeñados en arrimarse al muy pro-británico nacionalismo vasco, con el que ningún paralelismo serio puede hacerse.

En segundo lugar la presencia del brazo político de ETA en el día del aberri eguna es la repetición del precedente de aquel Pacto de Estella de 1999, en pleno gobierno del PP. Los nacionalistas, para reafirmar su carácter anticatólico, tienen la desfachatez de intentar politizar el Domingo de Resurrección, reemplazando el culto debido a Dios por la idolatría nacionalista. Y pese a aparentes diferencias de detalle parece claro que el nacionalismo volverá a ceder su espacio a la banda terrorista ETA.

El escenario previsible en el que se podría representar una nueva rendición ante ETA podría estar determinado por tanto por la reintegración del entramado político de ETA en el tronco común del nacionalismo y la mediatización de un grupo de “observadores internacionales” que certificasen la vuelta a la cotidianeidad del entramado mafioso etarra a aquellos lugares donde tras mucha lucha han sido desalojados. Pero entre bambalinas, con la opacidad que caracterizó al anterior periodo de rendición y que caracteriza a todos los grupos ocultos, quedaría la cuestión de los presos etarras con una más que previsible amnistía discreta y paulatina (en 1936 y en 1977 el PSOE fue uno de los principales promotores de una gran amnistía para miles de criminales tanto o más sanguinarios que los actuales etarras). ¿Qué escrúpulos podría tener quien tan recientemente se entregó a una claudicación de mastodónticas dimensiones? A esta casta politicastra no se le puede exigir ni siquiera la aplicación de su Estado formal de Derecho, pues un pequeño grupo de criminales lo mediatizan a su antojo. Si se aplicase un Estado justo de Derecho habria que empezar por plantear medidas severas* y la pena de muerte para los terroristas, tal como contemplaba el Código Penal carlista que sancionó S.M.C. Carlos VII. En cambio ni siquiera la penas ridículas a las que han sido condenados, con un trato privilegiado en las cárceles, serán cumplidas en su integridad. No podemos dejarnos distraer con un mero cambio de gobierno en una comunidad autónoma creada contra las libertades forales de Álava, Vizcaya y Guipúzcoa y con la permanente amenaza a Navarra sobre los dogmas, mitos y símbolos del nacionalismo. Hace tan solo dos años el partido que llegó al poder tras el oscuro atentado del 11-M ponía a un Estado al mismo nivel que una banda de criminales, y solo las incansables movilizaciones del pueblo español en las manifestaciones más grandes que se recuerden en los últimos 30 años frenaron --oficialmente-- y por puro cálculo electoral dicha negociación. Pero las incongruencias del sistema político siguen siendo las mismas, así como el mesianismo iluminado del actual gobierno de ocupación, al que sin duda le encantaría andar nuevos caminos de rendición.
* Recordamos a este respecto unos estractos del comunicado de los jóvenes carlistas de septiembre de 2002
"Ante la amenaza del separatismo vasco: La Constitución y los estatutos, lodos de la transición":
"Denunciamos que bajo el Estatuto no hay una aspiración real del pueblo vasco, sino un instrumento opresor del nacionalismo que lo inspira del principio a fin. Los carlistas nos mostramos enemigos y beligerantes contra el nacionalismo en todas sus formas y contra todos sus cómplices. Defendemos como siempre la unidad e integridad de las Españas y rechazamos los instrumentos antitradicionales, antivascos y antiforales como el Estatuto de Autonomía, del que exigimos su abolición inmediata y la vuelta a los regímenes forales vascongados. El nacionalismo no es más que la especulación de la burguesía con la sentimentalidad del pueblo.

"Si el Gobierno [...] y los partidos constitucionalistas tienen verdaderamente intención de poner coto a ETA, a Batasuna y a su tupida red de colaboradores, deberán demostrarlo empezando por crear el clima que permita el regreso a Vizcaya, Guipúzcoa y Álava de las decenas de miles de vascos que se han visto forzados a exiliarse desde el comienzo de la Transición; a la vez que suprimen el adoctrinamiento nacionalista y el entorno del que se nutren las organizaciones separatistas. Para ello es imprescindible:

Suspensión del mal llamado Estatuto de Guernica.
Cierre de las ikastolas donde se enseña una historia falsa para justificar el separatismo; retirada de los libros de texto y programas educativos del Gobierno autónomo vasco.
Cierre de ETB y de las emisoras de radio y restantes medios en manos nacionalistas.
Retirada de toda ayuda o subvención a la llamada Academia de la Lengua Vasca, y a cualquier programa de imposición del euskera batúa, eje de la estrategia nacionalista; apoyo en cambio a las variantes tradicionales del vascuence.
Estatuto de autonomía para Álava, y apoyo a las iniciativas similares para Vizcaya y Guipúzcoa.
Fin de la tolerancia para con los defensores del separatismo terrorista. Si son extranjeros, decláreseles personae non gratae. Si obispos, solicítese a la Santa Sede su remoción, y no se dude en expulsarlos del territorio nacional.
Proscripción del uso oficial de la ikurriña, bandera del Partido Nacionalista Vasco, que en absoluto representa a Vasconia. Prohibición del uso de las armas de Navarra en los emblemas autonómicos vascongados.
Derogación de la Disposición Transitoria Cuarta de la Constitución de 1978; fin del hostigamiento nacionalista contra Navarra.

"Las propuestas anteriores corresponden a una política de mínimos sin la cual la lucha contra el terrorismo separatista no será eficaz ni creíble."

No serán nunca creíbles las proclamas antiterroristas de los partidos políticos que apoyan el terrorismo abortista, más sangriento que los otros, como el PSOE, el PP y la UPyD de Rosa Díez. No será nunca creíble el antiseparatismo de quienes acepten la Constitución de 1978, aunque propongan su reforma, ni los Estatutos de Autonomía que suplantan a los fueros y libertades regionales.